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Cambiar de actitud

11 Sep 17 - 13:14

Cambiar de actitud
Ver el lado saludable de cuanto acontece en nuestra vida no suele ser una predisposición innata, se trata de un hábito que podemos aprender con paciencia, tiempo, atención y disciplina.
Resulta sencillo suponer que mantener una actitud saludable ante lo que nos sucede en la vida es un don, y que si tenemos una buena actitud es porque hemos nacido con ella. Es cierto que el temperamento de los individuos, que es la parte de la personalidad determinada genéticamente, contribuye con un conjunto de rasgos que no podemos cambiar, algunos de esos rasgos van a actuar sobre la actitud que tenemos ante la vida y sin embargo podemos aprender a gestionar esos rasgos.
La actitud se relaciona de manera muy importante con el carácter, que es la parte de la personalidad asociada a nuestras vivencias de todo tipo, en el sistema familiar, en la escuela, en la cultura, lo que observamos en los medios de comunicación, nuestras experiencias y aprendizajes vivenciales
La mayor parte de las personas tenemos que cultivar nuestra actitud y esforzarnos diligentemente, porque la actitud no es algo dado, sino que es algo que se aprende, en algunos casos debemos desaprender la actitud que aprendimos de nuestros padres, por ejemplo podemos tener un padre o una madre muy pesimista y aprender de ellos a reaccionar en consecuencia, en otros fueron un conjunto de circunstancias de vida las que nos han llevado a nuestra actual actitud, por ejemplo un conjunto de sucesos desafortunados nos llevó a pensar que la vida siempre va a ser así, y en ese lapso creamos una actitud pesimista.
El trabajo de desarrollo humano inicia, en cierto modo, en el mismo instante en que decidimos asumir la responsabilidad de nuestra actitud; es decir, de su mantenimiento, aprendizaje y crecimiento continuo.
La actitud debe ser algo en lo que prestemos atención y cultivemos asiduamente. Una actitud saludable es un bien valioso, que cuesta trabajo lograr y mantener. Nuestra mente tiende a ir hacia la vía que le es común, y que le ha funcionado en algún momento dado. Si en algún momento de nuestra vida nos sirvió evadir nuestros problemas, nuestra mente puede haberse condicionado a ello, y aunque en este momento el evadir problemas no nos funcione, tendemos a hacer aquello a lo que estamos acostumbrados. No es raro qué, si actuamos en automático, sin analizar nuestros comportamientos, terminemos convirtiéndonos en víctimas de nuestros pensamientos, que se han visto fundamentalmente establecidos por nuestros condicionamientos.
El aprendizaje de una actitud saludable requiere tiempo, paciencia, atención interna y una gran disciplina. Pero la mayoría estamos demasiado ocupados, o preocupados, como para llevar a cabo el intenso trabajo que ello requiere. Preferimos vivir vidas de quieta desesperación. Dejándonos llevar por la corriente de nuestros hábitos y creencias.
El primer paso para el cultivo de una actitud sana consiste en cobrar conciencia de los aspectos tóxicos de nuestra actitud, algo nada fácil, estamos tan acostumbrados a comportarnos como nos comportamos que o no nos damos cuenta de nuestras actitudes o nos autojustificamos. Debemos de preguntarnos de manera abierta, clara y sincera: ¿Qué es lo que valoro?, ¿Soy acaso una expresión de esos valores?, ¿Soy congruente, hago lo que digo?, ¿Me hacen observaciones con cierta frecuencia con respecto a mi actitud mis seres queridos, amistades, o en el trabajo?
No es tarea fácil ni rápida cambiar la actitud de modo lo suficientemente profundo como para que ese cambio perdure toda la vida. Aunque la mayoría seamos inconscientes ante la posibilidad de cambiar nuestros valores y actitudes, lo cierto es qué, si no elegimos nosotros, serán nuestras actitudes las que definan nuestro presente y futuro, a pesar de nuestras capacidades y conocimientos.
Debemos tener definida con cierta claridad la actitud que deseamos encarnar ante la vida y hacer luego algo consciente, deliberado y sistemático, lo necesario para desaprender, aprender, movilizar y desarrollar esa actitud utilizando todos nuestros recursos cognitivos.
En terapia con el psicólogo, se identifican los componentes de la actitud que puede ser tóxicos y gradualmente se da un proceso y seguimiento para cambiar ese conjunto de elementos

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